El tramposo paradigma del 3D. A. Malowicki

 
 
Una buena película, una buena sala, un precio de entrada popular, buenas  butacas y una buena proyección siempre fueron suficientes para gozar de un buen espectáculo cinematográfico. A estas cualidades no es necesario sumarle una proyección en 3D para gozar del espectáculo. Pruebas al canto: fui a ver “Metegol” al cine Gaumont y las dos veces que asistí (una con mi esposa y la otra con dos de mis nietos) la cola para entrar fue de por lo menos una cuadra y la sala estuvo siempre colmada de chicos y grandes. Durante toda la función se sentían las diferentes expresiones del público acompañando las aventuras de los personajes. Y al terminar todos aplaudieron y salieron contentos y felices de haber visto una buena película. Me pregunto si habrá sido tan diferente la recepción de la película vista en exhibición. No está en discusión que haberla hecho en animación 3D la ha enriquecido, sobre lo que sí tengo mis dudas, es si se justifica cobrar una entrada tan onerosa sólo por el hecho de exhibirla en un sistema que por su costo restringe la entrada a muchos espectadores. El paradigma productivo de la industria norteamericana está sostenido por su dominio global de la distribución y la exhibición de toda su producción. Ese cuasi monopolio, le permite también ejercer su determinante influencia sobre los productores, directores y los ya escasos distribuidores y exhibidores argentinos tratando de establecer la idea de que si una película nacional no se produce para ser exhibida en 3D no recibirá el apoyo del público. Mi experiencia en el cine Gaumont no abona ésta teoría. ¿Acaso "Metegol" hubiera tenido el éxito que merecidamente tiene si hubiera sido producida para ser exhibida en salas llamémosle tradicionales? Seguramente que sí. Y no solamente por las condiciones de comodidad y precio para los espectadores sino y fundamentalmente porque goza de un excelente guión que no solamente relata muy bien la historia, sino que contempla acertadamente todos los aspectos a tener en cuenta cuando se trata de abordar la realización de una película para niñ@s,  con una mirada muy atenta hacia los adultos. El cine en general y muy particularmente el dedicado a las audiencias infantiles necesita de buenos guiones y una justa distribución en las escasas 800 salas de todo el país. Esos son los requisitos para recibir los aplausos que recibió y seguirá recibiendo  "Metegol" en la sala Gaumont y en cualquiera que esté o no acondicionada para proyectar en 3D. El público no tiene el cerebro y las emociones colonizadas por los paradigmas del norte. Siempre estará muy bien dispuesto a recibir obras inteligentes y de calidad, que hayan sido realizadas pensando en un destinatario sujeto y no objeto consumidor. Eso sí: en la medida que no se produzcan obras que intenten romper con el paradigma consumista norteamericano y sigan siendo adversas las injustas condiciones de exhibición para las producciones nacionales cada vez será más difícil que nuestros públicos accedan al goce de las cualidades y valores de nuestra propias cultura. El fortalecimiento de nuestra democracia corre serios riesgos,  porque es también a través del cine y los otros medios audiovisuales que se la puede fortalecer…o desvirtuar.