El horario de protección infantil en España. Por María R.Diego

 
Por Rosa Lina Diego Güemes, Licenciada en Derecho y Corresponsal en España para APCI
 
El 2013 ha cerrado con la noticia de la cuantiosa sanción económica que Competencia ha impuesto a Mediaset y a Atresmedia por emitir programas inadecuados en el horario infantil. La noticia está en la sanción y no en el delito, pues lamentablemente es habitual que en la televisión española no se respeten los horarios de protección infantil. Estamos anclados en una realidad en la que el sistema falla y nadie se atreve a cambiarlo por falta de tiempo o de interés. Una vez más, la sociedad evoluciona más rápido que el sistema jurídico y nuestros legisladores deberían de plantearse cómo readaptar la existencia de un horario de protección infantil dentro de la actual realidad televisiva española.
 
Antes de apagón analógico el horario de protección infantil tenía pleno sentido pues los canales fraccionaban su programación en función del público. De tal suerte, que más o menos, el espectador `podía ver contenido adecuados a sus gustos y edad. La llegada de la TDT supuso el arribo de un amplio abanico de nuevos canales, muchos de ellos orientados a un determinado target. Esto supuso un gran beneficio para las audiencias infato-juveniles, pues, por primera vez en la historia de la televisión española, tenían a su alcance, y en abierto, varios canales entre los que elegir.
 
Mucho ha cambiado la TDT desde su instauración. La crisis económica que asola a España en los últimos años, ha reconvertido la pluralidad de canales televisivos en tres grandes grupos – RTVE, Mediaset y Atresmedia- que dan cabida no sólo a los canales más importantes, sino también, a la inmensa mayoría de ellos. Afortunadamente para los chicos, cada grupo orientó uno de sus canales a ellos. RTVE tiene Clan, Mediaset, Boing y Atresmedia, Neox Kids. A ellos se une el Disney Channel.
 
A estos cuatro canales en abierto, se suma obviamente la oferta de los canales de pago, tales como Nickelodeon, Canal Panda, Kids Co, Nick Jr, Baby TV, Disney XD o Disney Cinemagic. La actual coyuntura económica ha llevado a algunos canales de pago a replantearse sus estrategias comerciales. Tal es el caso de Turner Broadcasting que en este 2013 ha cerrado sus canales de pago Cartoon Network y Cartoonito y ha alcanzado un acuerdo con Mediaset España para estrenar sus producciones en Boing. O el de Nickelodeon que también tiene un acuerdo con RTVE para emitir sus producciones en Clan.
 
En resumen, el panorama televisivo español ha cambiado bastante en los últimos años y la pregunta que deberíamos hacernos es: ¿si la amplia oferta televisiva se ha especializado y abarca cualquier hora del día tiene sentido la existencia del horario de protección infantil o deberían ser los padres los responsables de supervisar qué contenidos ven sus hijos?
 
Las funciones y obligaciones de los actores implicados están delimitadas claramente. El deber del sistema jurídico es establecer las reglas del comportamiento e ir modificándolas a medida que la realidad social evoluciona y además, garantizar su cumplimiento. El de los padres es educar a sus hijos para que sean unos telespectadores críticos y responsables y eso pasa por un control de los programas qué ven sus hijos. A su alcance, y para facilitarles la labor, están desde los avances tecnológicos como el llamado control parental hasta las recomendaciones como las calificaciones por edad de los programas. Y por último y no por ello menos importante, el deber de las cadenas es programar contenidos adecuados para cada edad evolutiva del niño.
 
En mi opinión, ya hace años que la realidad televisiva española ha cambiado y el horario de protección infantil, tal y como está configurado hoy, ha perdido vigencia y resulta ineficaz. Es hora de redefinir el modelo y exigir que los agentes implicados asuman las nuevas funciones que en la vida práctica les han sido asignadas. No podemos seguir basando nuestro sistema en una realidad inexistente porque por cuantiosas que sean las sanciones, las multas ni resuelven nada, ni modifican los hábitos de consumo televisivos practicados por la población, ni benefician la calidad de la oferta televisiva destinada a los chicos.