Cómo piensan los chicos su propia era digital

 
SONIA LIVINGSTONE: ¿CÓMO PIENSAN LOS CHICOS SU PROPIA ERA DIGITAL?
Por Natalí Schejtman

Sonia Livingstone es una de las investigadoras más relevantes y una de las voces más innovadoras en el campo de infancia y juventud en la era digital. Ha publicado casi una veintena de libros y en el año 2014 recibió el galardón de la orden de honor del Imperio Británico por sus servicios a los chicos y a la seguridad del niño en Internet.

En los últimos 20 años viene abordando la temática con un fuerte acento en darle voz a los chicos: entender cómo ellos asimilan, piensan, temen o se entusiasman con su propia época digital. Es parte del directorio ejecutivo del Consejo para la Seguridad del Niño en Internet del Reino Unido (UKCCIS) y fue asesora de diversos organismos británicos e internacionales en esta temática.

Livingstone, Profesora en el departamento de Media and Communications de London School of Economics and Political Science (LSE), suele mencionar su formación como psicóloga social. Es desde esa tensión productiva entre lo social y lo individual que aborda el estudio de los medios de comunicación y su interrelación con las personas y las sociedades modernas. En la tradición de las voces intelectuales más destacadas del Reino Unido, sus primeras intervenciones fueron en el estudio de las audiencias de los medios de comunicación.

En sus primeros libros es posible encontrar una línea entre sus preocupaciones e intereses entonces y ahora. Por ejemplo, en su libro Making sense of the Televisión: the Psychology of Audience Interpretation (“Haciendo sentido de la televisión: la psicología de la interpretación de la audiencia”, editado en 1990 y ampliado en 1998) Livingstone muestra el cruce entre la psicología social y los estudios de medios para abordar de un modo incisivo y original a partir de las telenovelas de qué modo la televisión no es interpretada homogénea y universalmente sino que la interpretación depende de mucho factores que la particularizan. Por eso habla, décadas antes de que se mencionara la idea de un “usuario activo”, de un “espectador activo”, desde el cual se problematiza la habitual pregunta acerca del “efecto de los medios”.

Esos estudios iniciales la fueron llevando a su tema de especialización actual, y  desde fines de los años 90 se abocó más específicamente a la investigación de la relación entre Internet e infancia y juventud. El libro Children and the Internet (“Los chicos e Internet”, 2009), agrupa los resultados de las distintas investigaciones de la autora sobre el tema, recorriendo las facetas del estado de la cuestión: familia, alfabetización digital, escuela, identidad, participación y riesgos.

A lo largo de su carrera, Livingstone ha considerado seriamente los aspectos regulatorios de los medios y las tecnologías y ha trabajado para proveer evidencia que sirva en el diseño de estas políticas. En una relación recíproca, las conclusiones de sus investigaciones empíricas resultan importantes para generar políticas y regulaciones adecuadas, pero también esas políticas y regulaciones hablan de un tipo de sociedad, de una concepción de la infancia y la juventud, y de un tipo de relación con los medios. En su libro Media regulation: Governance and the Interests of Citizens and Consumers (“Regulación de medios: Gobernanza e intereses de los ciudadanos y consumidores”, 2011, junto con Peter Lunt)” cruza puntillosamente las distintas lecturas sobre esfera pública y democracia con las iniciativas regulatorias en el Reino Unido y en Europa.  Este aspecto aparece como protagónico en sus investigaciones. En un artículo breve y eficaz publicado en 2015, por ejemplo, describe “Seis cosas que los responsables de hacer políticas tienen que saber sobre los chicos e Internet”, entre las que incluye: la consideración del acceso Internet como un derecho, la necesidad de resolver la brecha en la participación online -es decir, la diferencia entre usar Internet de modo pasivo, viendo contenidos hechos por otros, o de un modo activo y creativo-; la necesidad de reforzar el aprendizaje de herramientas digitales en los padres y maestros, ya que está demostrado que cuando la brecha generacional se reduce, ese diálogo entre adultos y chicos es más rico y lleva a un uso de Internet más provechoso-; y la necesidad de entender que los riesgos de la era digital van junto a las oportunidades que también provee para los chicos.

EU Kids Online y Global Kids Online

Precisamente, una de las constantes en su trabajo es abordar la problemática de los medios y las telecomunicaciones desmontando la mirada de los miedos y los riesgos y pensando justamente en tándem: riesgos y beneficios.

Entre sus iniciativas más resonantes de los últimos años, Livingstone lideró el estudio europeo EU Kids Online, una red que investiga la relación entre los jóvenes e internet. Entre 2009 y 2011, la red encuestó a más de 25000 niños y sus padres en 25 países sobre qué les gusta, a qué le temen o qué experiencias online tuvieron que les haya molestado. Entre 2011 y 2014, la red se expandió a 33 países en donde se realizaron estudios cualitativos y nuevas investigaciones a partir de la información recabada anteriormente. Entre los muchos y muy interesantes resultados, aparece que los chicos europeos entre 9 y 16 años están online desde más jóvenes y de formas más diversas. Entre los resultados, emerge que el 12% experimentó algún enojo o molestia online o que al 50% le resulta más sencillo ser ellos mismos online, cosa que explica que el 30% haya tenido contacto virtual con alguien que no conoce en el mundo offline. Además, la investigación muestra que entre lo que más les molesta aparece la pornografía, imágenes de violencia y propuestas para encontrarse de gente que no conocen, entre muchas otras respuestas.

Livingstone también es investigadora principal de Global Kids Online, una iniciativa colaborativa entre London School of Economics and Political Science, UNICEF Oficina de Investigación – Innocenti y la red EU Kids Online. Argentina está incluido en este estudio y sus resultados fueron publicados en 2016.

The Class: un estudio etnográfico y apasionante

En la película “Entre los muros”, Laurent Cantet describe la tarea de un maestro de una escuela en los suburbios parisinos para detallar su ambiente, las relaciones entre los chicos, con los docentes, sus preocupaciones y sus momentos de diversión. Para su últimThe classo libro, publicado en 2016, Livingstone y Julian Sefton-Green, investigador de LSE y Profesor Asociado de la Universidad de Oslo, tomaron el nombre de esta película en inglés y plantearon un estudio académico que, tanto como la película, logra una potencia narrativa y conceptual asombrosa. Los investigadores estuvieron durante 1 año observando a un grupo de chicos de una clase en una escuela pública de Londres. Veintiocho jóvenes de entre 13 y 14 años. Pero no los observaron solamente en la clase, sino también en sus casas, con sus familias, y en ese espacio íntimo online que no llega a ser un lugar netamente solitario –ya que pueden interactuar con otros- pero tampoco es un espacio de vínculo colectivo.

El resultado es el libro The Class: Living and Learning in the Digital Age (“La clase: vivir y aprender en la era digital”) y es una exploración profunda, transversal e integral en la construcción de identidades y sociabilidad hoy y en los distintos espacios separados que habitan los chicos, que a la vez son los únicos que los hilvanan. El libro además pone el ojo en aspectos muy relevantes como las tendencias de estandarización en la educación y la pregunta acerca de si el aula es o no un espacio de reproducción social. Pero sobre todo, escucha qué piensan y sienten los jóvenes, también sus familias y sus docentes.

Livingstone sostiene que el discurso del miedo y el riesgo es habitual en los medios cuando se habla de los chicos e Internet –demasiado tiempo en la computadora, la posibilidad de conectarse con extraños o no saber manejar la privacidad. Pero ella, como lo ha demostrado en sus diversas intervenciones, quería ir más allá de esto, analizar otras dimensiones del término “riesgo”. Teóricamente, los autores utilizan nociones como “la sociedad del riesgo”, un término popularizado en los años 90 de la mano de autores como Urlich Beck y Anthony Giddens para hablar de cómo la sociedad responde a nuevas preguntas sobre el futuro que trae la modernidad. Al momento de observar y analizar los datos, Livingstone y Sefton-Green piensan en estos chicos y en sus familias como habitantes de esta época, en cuya discusión se detienen espacialmente: se dice que la modernidad reflexiva implica a la vez un mayor conocimiento –o información- sobre cómo se debe educar a un chico –qué tiene que comer, cuánto acceso a las pantallas tiene que tener, etc.- pero a la vez una mayor incertidumbre con respecto al futuro. En un contexto de globalización y desigualdad social, algunas instituciones y herramientas del estado de bienestar han retrocedido, dando lugar a un mayor grado de libertad para decidir, pero a la vez a un mayor grado de incertezas con respecto a todas esas decisiones que tienen que tomar los individuos.

The Class insiste en ver cómo estos supuestos teóricos funcionan en esta muestra, en un aula real con jóvenes. Cuál es la idea de futuro que tienen los padres y la que tienen los chicos, y cómo unos logran trasladar a otros (o no) la ansiedad de la tensión entre un presente de bienestar y la preparación exigente para un futuro incierto. Tanto es así, que los investigadores concluyen que todavía no hay tanta prueba empírica de la caracterización teórica sobre los procesos de individualización de la modernidad tardía. Esa “evidencia insuficiente” caracteriza, a la vez, lo que suele decirse y promulgarse como discurso sobre la juventud. También, discuten el aspecto competitivo delineado por los teóricos. Es decir: ¿qué actitud toman los chicos, sus padres y las escuelas frente a un momento de cambio social? ¿Prefieren adoptar una actitud competitiva para aggionarse o prefieren mitigar estos cambios con una almohada conservadora? The Class muestra distintos tipos de actitudes, y se concentra en la era digital y las herramientas concretas que esta trae como un ejemplo frente al cual se podría ser conservador o competitivo.

Uno de los aspectos en los que se centra este estudio es el eje conexión-desconexión. Pero no desde el punto de vista más previsible online y offline, sino en cómo se conectan o no los espacios que habitan los jóvenes. Hasta qué punto los padres quieren o pueden saber lo que pasa en la escuela o en los espacios íntimos online de los chicos, y hasta qué punto la escuela quiere interiorizarse en lo que traen los chicos de casa.

Livingstone insiste en un punto que menciona en el libro: tanto los docentes como los jóvenes se esmeran en mantener separadas las esferas, en poder decidir cuándo conectarlas y cuando desconectarlas. Si bien “lo digital” es omnipresente en la vida de estos chicos, no siempre es una herramienta de “conexión”: “La conectividad digital puede vincular la casa con la escuela, adultos con jóvenes, la esfera local con la global. Pero como hemos documentado, tanto los docentes como los jóvenes tienen mucho invertido en mantener sus esferas de interés y de identidad separadas, bajo su control autónomo y lejos del escrutinio de los otros”, explican Sefton-Green y Livingstone. También, los autores desmitifican la idea de que los jóvenes no priorizan la comunicación cara-a-cara y reconstruyen por medio de sus testimonios qué hace detrás de sus decisiones como seres sociales. Por otro lado, dedican un importante espacio de análisis y reflexión a la convivencia familiar en esta era. Así como la familia moderna (“la familia democrática”) pondera los momentos en soledad de cada uno de sus miembros como una conquista del derecho a estar solo, “la mayoría de las familias pone mucho esfuerzo en encontrar formas de estar juntos. Los medios, especialmente la televisión aunque también a veces los videojuegos, a menudo apuntalan los momentos compartidos ´como familia´”.

The Class muestra con profundidad las sutilezas de la vida integral de los jóvenes. Pregunta, responde y abre nuevas preguntas acerca de qué cambió exactamente con el advenimiento de las tecnologías de la comunicación en la vida y en el aprendizaje de esta generación y desafía a seguir profundizando en una discusión abierta, teniendo en cuenta la evidencia y dándole voz a los protagonistas.

Fuente: LatinLab <comment-reply@wordpress.com