La muerte, los medios y los niños. Cesar Hasaki

 
De la omnipotencia infantil al transhumanismo
César Hazaki

Al hombre siempre lo sorprende la muerte
Edgar Morin
 
 
 
Desde la televisión, Tablets, Smartphones, etc. se lanzan a la placenta mediática, esa envoltura invisible creada por el hombre que distribuye los contenidos provenientes de todas las plataformas, multiplicidad de imágenes hacen que la muerte esté presente a cada momento. Por cuestiones de rating no se tiene en cuenta el efecto de esta saturación de muertes, crímenes y accidentes en los infantes. Pese a las advertencias de las diversas organizaciones que se dedican al estudio y cuidado de la infancia, no existe mucha preocupación sobre lo que esto significa en la constitución psíquica de los niños. Es necesario poner la lupa sobre cómo la comprensión de la muerte se incorpora en la conciencia del niño.

Para el niño la comprensión de la muerte es un largo derrotero. Cada uno debe adquirir una conciencia cabal de la misma y sus consecuencias. Dicho descubrimiento es, nada más ni nada menos, que llegar a procesar que su vida es finita, que está incluida en una serie de pasos preestablecidos de los que es imposible escapar: nacer, desarrollarse y morir. La inmortalidad no es parte del menú de la naturaleza. No debemos dejar pasar que esta evolución se realiza en una cultura dominada por la aceleración, la que impone a los hombres estar apremiados por el reloj que hoy funciona en los imperceptibles nanosegundos. Por consiguiente, vivimos en una cultura donde el tiempo no alcanza jamás, los procesos internos de cada niño no escapan a estas condiciones generales.

Todo lo que disparan las pantallas está naturalizado y sus consecuencias impulsan nuevos modos adaptativos
La sociedad del espectáculo, cada vez más demandante con su transparencia sin límite y, sin pudor alguno, obliga a formas adaptativas novedosas y especialmente aceleradas. Las noticias donde hay permanentes visiones de la muerte (un atentado, un asalto, el asesinato de una mujer por su marido, etc.) son una de las tantas maneras en que las pantallas van apresurando las etapas que los niños atraviesan. Este movimiento de sobreinformación impuesto desde las pantallas no desvela a la familia, no la invita a pensar en ello y mucho menos a tomar precauciones. Todo lo que disparan las pantallas está naturalizado y sus consecuencias impulsan nuevos modos adaptativos.

Así como la muerte -generalmente expuesta en situaciones de violencia- es habitual en las transmisiones televisivas, en las familias, por el contrario, no es invitada, ni aceptada. La muerte como tema se evita. Que se vea más muerte en las pantallas, no significa que se la entienda mejor, más bien parece algo ajeno, que les ocurre a los otros. Se diría que, siguiendo el antiguo terror a los muertos, para muchos hablar de la parca es convocarla, por lo cual, se la aleja de la casa de todas las formas posibles, por ejemplo, ya no se vela al familiar muerto en la casa propia y se muere en una sala de hospital, el velatorio es cada vez más exprés y tiende a desaparecer. El miedo a la descomposición de los cadáveres triunfa en este tiempo nanosegundo que nos domina. Sobre estas dos condiciones generales, la mediática y la hogareña, es menester recordar que la conciencia de la parca en el niño precisa de mucho tiempo para desplegarse y acomodarse en su psiquismo.
 
 
Extraído del artículo con el mismo nombre. Se puede leer completo en:

 

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